Por qué los humanos no tienen cola

No puedo dudar de que se trata de una cola rudimentaria”, escribió Charles Darwing en 1859, refiriéndose al os coccygis o más conocido como coxis, la última pieza ósea de la columna vertebral. El científico y naturalista trazó por primera vez una línea entre los primates y los humanos en el siglo XIX: un camino, una descendencia animal, nos conformaba. Aunque su conclusión recibió burlas y, cuando menos, levantó alguna que otra ceja, no dudó en mantener su teoría y argumentar que las personas alguna vez también tuvieron colas.

Ha pasado más de un siglo de aquello, y ahora un un estudio publicado en ‘bioRxiv’ le da a Darwing, en gran parte, la razón. El hombre estaba en lo cierto, aunque faltaban herramientas, materiales, datos para poder corroborarlo con más certeza. Así, la nueva investigación ha podido determinar que la ausencia de una cola humana se debe a una sola mutación genética que apareció al azar hace unos 20 millones de años, cuando un simio nació sin cola y luego transmitió el gen mutado a sus descendientes.

Todo comenzó durante un viaje en coche. Sí, lo que lees, porque las preguntas más ambiciosas a veces nos asaltan en las circunstancias menos sospechadas. Durante su trayecto, un estudiante de posgrado en biología de células madre se preguntó por esa cola inexistente.

Primates con colas

“La pregunta ha estado en mi cabeza desde que era un niño”, apunta Bo Xia, que estudia concretamente en la Escuela de Medicina Grossman de la NYU. Entre bache y bache, su coxis empezaba a sugerirle cierta molestia, era 2019, ahí estaba la pregunta y también, quizás, la respuesta. Así fue como Bo Xia comenzó a pensar más profundamente sobre por qué los humanos no tienen cola.

Cierto es que no se trata de una pregunta novedosa. Este estudiante no es la primera persona en plantearse la cuestión, pero el asunto sigue rondando nuestras cabezas con inquietud, como la cola de tu perro cuando le llamas a lo lejos.

Resulta que en los primeros fósiles de primates, que datan de hace 66 millones de años, estos aparecen con colas. Fue más tarde cuando, de pronto, el elemento desapareció de las representaciones: La llegada de una especie de simio llamada Proconsul, 40 millones después, puso fin al trazo.

Una mutación sorprendente

¿Qué había pasado? Para investigar más a fondo el asunto, Xia primero examinó cómo se forman las colas en los embriones de los animales. Al realizar un estudio comparando el ADN de los simios sin cola y el de los que tienen cola, encontró una mutación en el gen TBXT, también presente en los humanos.

El joven no tardó en acudir con su hallazgo a su supervisor, Itai Yanai: “Casi me caigo de la silla, porque es un resultado impresionante”, recuerda al respecto este. ¿Estaban a punto de resolver el enigma? ¿Se le podría ya dar a los más pequeños una respuesta clara?

Había que probar. De esta forma, Xia y otros compañeros investigadores inyectaron en ratones esta curiosa mutación que se encuentra en humanos y simios. Vieron que a los roedores no les crecía cola, o solo les creció una pequeña protuberancia de esta, muy corta. ¿Quizás porque carecen de eso que denominamos coxis?

¿Personas con colas hoy?

En este sentido, los biólogos sospechan que dicha estructura ósea puede tener bastante que ver. Al caminar, en lugar de trepar a los árboles, el ser humano finalmente superó la desventaja de carecer de cola.

No obstante, como apunta Xia en su estudio, “la ventaja evolutiva específica de la pérdida de la cola no está clara, aunque probablemente involucró una locomoción mejorada en un estilo de vida no arbóreo. Sin embargo, podemos suponer que la ventaja selectiva debe haber sido muy fuerte”.

Lo cierto es que aunque aún deben seguir investigando, se conocen algunos casos de personas con cola en todo el mundo. Según la comunidad científica, se han informado de un total de “40 casos de colas humanas verdaderas”.

El misterio de la supervivencia

Aquel mismo año, de hecho, un estudio realizado por Pramod Janardan Giri y Vaibhav Sharadrao Chavan para ‘Asian Journal of Neurosurgery’ examinó el raro caso de un chico de 17 años con una cola de 18 cm de largo. Los investigadores descubrieron que provenía de la espina bífida en L5, en los niveles S3–S4.

Xia y sus compañeros ya habían observado que hay otros genes causantes de las colas en los simios, pero todo apunta a que posiblemente hayan encontrado en el coxis una razón por la que nuestros ancestros humanos dejaron de tener colas.

Entonces, el primer simio sin cola sobrevivió para transmitir sus genes, ¿cómo? Más aún: ¿Por qué el mono sin cola no perdió el equilibrio, se cayó de las ramas y murió, interrumpiendo su legado genético? Con cada pequeño hallazgo, las preguntas sobre esta peculiaridad de la evolución humana se multiplican, así que mientras siguen trabajando solo nos queda imaginarnos con una.

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