¿Por qué viajar en coche nos produce cansancio y sueño?

No eres el único al que viajar en coche le induce al letargo. Se trata de un fenómeno compartido que se escapa a nuestra voluntad siempre que vamos en el asiento del copiloto. Esto es así, difícilmente podremos aguantar ese cerrar de ojos, por más que queramos vigilar que esto no le suceda, ni por asomo, a quien maneja el volante. Por suerte, si vas en la parte trasera del vehículo, el asunto se pone más fácil: la siesta en el coche es un placer inexplicable. ¿O tiene explicación?

Si te decimos que tiene un nombre, igual ya empiezas a intuir la respuesta. “Hipnosis de la carretera”, así lo llaman los expertos. En realidad, es un término utilizado para referirse tanto a los conductores como a los pasajeros que ven reducida su necesidad de prestar atención cuando están en una ruta predecible y monótona.

Algunas investigaciones apuntan que el origen de este asunto se encuentra en la mecánica misma del automóvil. Pura física. Es decir, señalan que sería el propio vehículo el que afecta el nivel de alerta en que se encuentra una persona: las vibraciones que se producen cuando aquel está en movimiento pueden relajar el cerebro y el cuerpo.

Como una mecedora

Diego Redolar Ripoll, profesor de Neurociencia y Vicedecano de Investigación de la Facultad de Ciencias de la Salud, de la Universitat Oberta de Catalunya (OUC) explicaba en un artículo publicado en 2020 en ‘The Conversation’ que “las vibraciones estables a bajas frecuencias que se producen mientras conducimos un vehículo reducen la capacidad del cerebro de mantenerse alerta, induciendo un estado similar a la somnolencia incluso entre personas que han descansado correctamente”, haciendo referencia a diversos estudios, entre ellos el llevado a cabo por Daniel LK Yamins y James J DiCarlo en 2016.

Yamins y DiCarlo llevaron a cabo entonces una prueba con voluntarios sanos utilizando un simulador virtual que reproducía la experiencia de conducir en una autopista. De esta forma encontraron que añadiendo poco a poco una vibración de baja frecuencia (4-7 Hz), a los voluntarios les sobrevenía una sensación de somnolencia transcurridos solo 15 minutos del comienzo de la conducción simulada. De hecho, nada quedaba ahí: no tardaron en percatarse de que esta aumentaba paulatinamente. Para Ripoll, esto hace del coche una auténtica mecedora.

Sin embargo, hay muchas más variables. Por ejemplo, el momento en el que viajamos en coche. Los viajes por carretera a veces pueden coincidir en los ritmos circadianos naturales de una persona, lo que hace aumentar esa somnolencia. Así, solemos hacerlo en las primeras horas de la mañana y a media tarde, justo cuando el cuerpo más nos pide dormir.

Sueño al volante

Las horas más peligrosas para conducir son entre las 3 y las 5 de la mañana y entre las 2 y las 4 de la tarde, aseguran desde la Dirección General de Tráfico (DGT), y apuntan: “la somnolencia interviene, directa o indirectamente, en entre el 15 y el 30% de los accidentes de tráfico en España. Sus efectos no solo se manifiestan por la noche, sino que también son muy numerosos los accidentes diurnos en los que la somnolencia es un factor implicado”. En este sentido, y según un estudio de la Fundación Línea Directa publicado en 2017, para entonces se habían producido 800 muertes y un total de 20.600 accidentes por culpa del sueño.

Por ello, tanto quien conduce como quien viaja en el asiento del copiloto deben estar lo suficientemente descansados como para que la monotonía de las líneas de la carretera no se vuelvan en su contra. Es importante en este caso seguir los consejos del organismo, así como acudir a un profesional ante alguna alteración de tu organismo que refuerce esa posible somnolencia.

Cuanto más largo sea el viaje y más monótono (sin desvíos, cambios, etc.), más dormidos pueden volverse conductores y pasajeros

Al final, la previsibilidad promueve el sopor, a veces ni siquiera de la forma más reconocible, sino como un estado de trance. Esto quiere decir que cuanto más largo sea el viaje y más monótono (sin desvíos, cambios, etc), más dormidos o más desenfocados pueden volverse los conductores y el resto de pasajeros.

Un privilegio para los más pequeños

Por eso la siesta en el coche es un privilegio aún mayor cuando crecemos. Es de niños cuando, sin responsabilidad ante la conducción, podemos entregarnos a la libertad de dejarnos llevar, literalmente, hacia el destino que llegará, en algún momento, y entonces abriremos los ojos (o nos tendrán que echar una mano para que lo hagamos).

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